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03 de julio /// Buena noticia para el libre comercio.

Con esta acción, los dos bloques crean una zona de apertura de casi 800 millones de habitantes, y una economía de US$ 21 billones, que constituye el 25% del PIB mundial. Y lo hacen a contracorriente, en tiempos de proteccionismo global, impulsado entre otros por el proteccionista Donald Trump y el capitalismo protegido de China.

El acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur -formado por Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay- constituye el mayor pacto comercial del mundo y es también el primer acuerdo de comercio alcanzado por el hasta ahora desfalleciente Mercosur, que ha renacido gracias a que en Argentina y Brasil hay gobiernos económicamente liberales: los de Mauricio Macri y Jair Bolsonaro.

Paradójicamente, Donald Trump ayudó al acuerdo al congelar las conversaciones comerciales de Estados Unidos con la UE, en 2017. Esto impulsó a los europeos a buscar socios en otras latitudes.

Se tardó en llegar a esas concordancias políticas necesarias para alcanzar el acuerdo: el anuncio se hizo exactamente 20 años después de que se iniciaran las conversaciones comerciales entre ambos bloques, el 28 de junio de 1999.

En lo central, el nuevo acuerdo abre los mercados europeos a los productos agrícolas del Mercosur y abre los mercados de Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay a la industria manufacturera europea, incluyendo los automóviles y el vino. En régimen, tras una implementación progresiva variable, según industria, el acuerdo da acceso libre de aranceles al 93% de los productos que el Mercosur exporta a Europa, y tratamiento preferencial al 7% restante. La Unión Europea, por su parte, consigue eventual acceso libre de aranceles para el 91% de los productos que vende al Mercosur.

Esto no es poca cosa: en términos de reducciones arancelarias, el acuerdo  le ahorra a la industria europea US$ 4.600 millones anuales, una situación cuatro veces más lucrativa que el acuerdo que tiene Europa con Japón.

La Unión Europea retribuye abriendo sus puertas progresivamente a la carne y a  los productos agrícolas del Mercosur. Se abre una nueva cuota de 99.000 toneladas de carne al año, con un arancel de 7,5%, y cuotas de 180.000 toneladas, cada una de azúcar y pollos, con arancel cero.

El acuerdo necesita ser ratificado por los Parlamentos de todos los países miembros de ambos bloques. Esto puede ser costoso, sobre todo en los casos de Brasil y Argentina, donde Bolsonaro y Macri no tienen mayoría. Pero también hay oposición en Europa, de parte de grupos ambientalistas y de la industria ganadera.

El documento incluye cláusulas ambientales y laborales de nueva generación, y también compromete a todos los países miembros a cumplir con las exigencias del Acuerdo Climático de París. Pero ambientalistas europeos ya han reclamado que los términos del acuerdo podrían impulsar la deforestación del Amazonas.

Otro problema en Argentina es la posibilidad de que la dupla Fernández, de oposición a Macri y de corte claramente proteccionista, gane las elecciones presidenciales de octubre próximo. Un nuevo gobierno podría hacerle una zancadilla o varias al acuerdo.

A pesar de los pesares, lo ya logrado por la Unión Europea y el Mercosur es un gran paso adelante y una acción digna de encomio, además de una señal clara en favor del multilateralismo, el libre comercio y la política de acuerdos. Si el pacto logra materializarse y ponerse en marcha en los términos acordados por los negociadores, será efectivamente la mayor zona de acuerdo comercial del mundo y un ejemplo para acuerdos posteriores.

Tal vez sea el momento de que el otro bloque comercial latinoamericano, la Alianza del Pacífico, formado por México, Colombia, Perú y Chile, busque una forma de sumarse al acuerdo. México ya tiene un acuerdo de libre comercio con Europa y los otros tres países de la Alianza del Pacífico han firmado acuerdos comerciales o de asociación. Integrarse como bloque al acuerdo UE-Mercosur suena como un siguiente paso lógico.

Una mayor integración de los dos grandes bloques latinoamericanos, Mercosur y Alianza del Pacífico, sería la antesala de la creación de un solo gran bloque regional, que al mismo tiempo esté básicamente abierto al comercio y los negocios globales. No es imposible que de aquí surja la soñada integración latinoamericana.

FUENTE: AMERICA ECONOMIA

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