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12 de junio /// La Argentina, experta en reiterar fracaso.

Argentina está renegociando su deuda en dólares, ya que tiene fuertes dificultades para pagar. Si esa negociación es exitosa (firmando pronto algo que deje razonablemente Insatisfecho a todos los actores) aun así necesitaremos más fondos. Tenemos déficit y de alguna forma hay que cubrirlo. Argentina no puede pagar lo que debe pero pide que le presten más. Cierto es que los que prestarán no serán los mismos acreedores actuales, sino los jubilados a través de la ANSES, o los contribuyentes a través de impuestos (incluyendo a la inflación). Contablemente son deudas, pero en la realidad son aportes a fondo perdido.

A pesar de no poder pagar, el gobierno asume nuevas deudas, como es el caso de los pasivos de la futura expropiación de Vicentin. Para pagarlas será necesario manejar la empresa mejor que lo que lo hacían sus dueños anteriores. Ya hemos tenido varios fracasos y la historia nos condena. Tengo un amigo que dice que las decisiones las toman gente que son "vírgenes de CUIT".

Recientemente Alemania e Israel han bajado impuestos para ayudar a sus empresas pero aquí las empresas sufren mayores impuestos, regulaciones de todo tipo y si exportan deben además pagar retenciones. Recordemos que las retenciones son peores que una recesión: 10% de retención es 10% menos de ventas (como si fuera una recesión) y es peor porque los costos son por el total. Las retenciones tienen triple efecto: reducen el ingreso, obligan a entregar los dólares de las ventas al gobierno y a recibir a cambio pesos a un tipo de cambio diferente al del mercado. Son tres regulaciones en uno: impuestos, liquidación de divisas y control de cambios. A pesar de que inventamos este sistema hace décadas ningún otro país utiliza el mismo mecanismo. Mantenemos nuestra originalidad.

¿De dónde sale el dinero que un gobierno gasta? De impuestos, presentes o futuros. No hay otra forma. ¿A qué se dedican esos impuestos? Deberían ir a actividades que benefician a todos los argentinos por igual. Esto es diferente a los otros servicios del Estado. Por ejemplo, la Justicia o los servicios de salud están disponibles para todos, aunque muy pocos recurran a ella en cada momento del tiempo. Cubrir las deudas de Vicentin solo puede hacerse con impuestos, pero no beneficia a todos los argentinos por igual.

Criticar una expropiación no es defender a los accionistas. Lo lamento mucho por sus acreedores, pero asumir las deudas significa socializar las pérdidas. Si los activos de Vicentin valen, otras empresas podrían comprarlos. Si no valen, ¿para qué los queremos? Además, se asumen deudas con proveedores que tal vez cobren pero no vuelvan a entregar producto a esta empresa. Y sin producto, la empresa estaría condenada al fracaso.

Con el ejemplo de Vicentin podemos ver muchos otros casos por que la decisión es apurada o no es apropiada. Quien tomó la decisión supone que los proveedores seguirán trabajando con esa empresa en lugar de vender a algún otro. Quien decidió comprar camas de madera para atender la pandemia sabe que no son apropiadas pero, posiblemente por apuro o costo, tomó la decisión. Hay miles de ejemplos que se estudian en economía como el problema de Agente-Principal: las decisiones dependen del conocimiento o moral de quien las toman pero afectan a otra persona. Claro que no es un problema solo de Argentina, pero llevamos años violando el principio que quien decide el gasto no es quien debe pagarlo. Los resultados están a la vista.

Según Winston Churchill "el éxito consiste en ir de fracaso en fracaso y nunca perder el entusiasmo". Somos expertos en reiterar fracasos y en insistir en los mismos. Para tener éxito será necesario cambiar de fracasos.

Fuente: la Nacion por Diana Mondino

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